Todo suma


Si bien es cierto que, en las competiciones, los protagonistas son los competidores, no menos lo son los demás elementos que constituyen y dan paso al éxito de la misma: la competición.
Los espectadores son agentes muy importentes y muchas veces descuidados por parte de todos. Cuando se organiza una competición no solo se realiza para proclamar vencedor al deportista en cuestión sino también para disfrute y satisfacción de los allí asistentes: EL PÚBLICO.
Afortunadamente el yudo goza de buena salud gracias a la cantera y esfuerzo de todos los clubes y sus respectivos miembros, quienes apoyan el deporte federado y aportan una gran labor social, moral y económica para que el judo esté presente en la competición en su máxima expresión deportiva, como son las Olimpiadas. Ese colectivo (el federado) es quien realmente hace del yudo un deporte inmortal, perdurable. Son los verdaderos apasionados de su práctica pues contribuyen a poder ver a nuestros representantes en unas olimpiadas. Los demás, los otros, solo se aprovechan de las virtudes de sus “alumnos” para lucrarse ellos mismos, sin importarles el futuro de los “discípulos” a su cargo.
Pero esto es tan solo una parte, hay otra más importante que ya hemos nombrado. Ese público que va a ver una competición. Normalmente formado por familiares y amigos de los competidores. Los pabellones se llenan con las categorías inferiores (alevines, infantiles, cadetes), mas apenas se ocupan asientos en las categorías superiores. ¿cuál es el motivo? Hay muchas respuestas y seguro que todas con parte de razón sin embargo . . . .
¿Qué podemos hacer para aumentar el número de espectadores en las competiciones? Solo hay que aplicar tres factores esenciales para esto: ORGANIZACIÓN, CALIDAD Y ESPECTÁCULO.
Claro está, también requiere tesón y paciencia, hay que “enderezar” muchos vicios arraigados. Se debe erradicar el pensar que las competiciones se organizan para quienes participan. No. El participante es un mero actor que adquiere protagonismo con el transcurso de la “película” y será admirado y aplaudido por los espectadores a la finalización de la misma, cuando suba a lo más alto del podio. Lo más importante de la competición es el espectador, quien repetirá si se divierte y valora el tiempo “perdido” en un espectáculo. Como si de una obra de teatro se tratase, el público levanta o hunde al mismo.
Es importante cuidar todos estos detalles para que el público obtenga lo que ha venido buscando: entretenimiento y diversión. Esto solo se consigue si damos la vistosidad que debe poseer. Deportistas cambiandose en la pista, botellas, alimentos y bolsos de deporte desperdigados por toda la cancha. Más personas en la zona de competición que en las gradas tapando, a veces, a quienes pacientemente cumplen con la normativa y ocupan un asiento en las mismas. Todo esto hace que se pierda afición e interés por asistir a estos eventos, evidenciando la falta de organización, la nula calidad y poco espectáculo. Aquí, en las competiciones, también debemos demostrar sociabilidad y buen gusto, empezando por erradicar esta actitud de desidia general que afea la competición. Y no es necesario, ni más ni menos, que cumplir con lo estipulado en la Ley de espectáculos públicos y actividades recreativas de cada autonomía (en nuestro caso, en Andalucía la Ley 13/1999, de 15 de diciembre), donde se especifica claramente las normas y conductas a seguir.
Es por esto que, si deseamos que nuestro deporte prospere, debemos ser todos los que aportemos nuestro granito, cada uno en su estamento puesto que . . . . TODO SUMA.
Para ello se deben  cuidar todos los detalles y evitar, en lo posible el mal ambiente y crispación que se ve en algunas competiciones. Recientemente David Zamora hizo un comentario pésimo sobre una competición celebrada en Madrid la cual solo indica que algo se está haciendo mal. Quizá la fórmula de las Copas de España no ha resultado tan positiva para las categorías infantiles y cadetes pues ha motivado que algunos entrenadores piensen que se lo están jugando todo, como si de una clasificación olímpica se tratase. Quizá no se dan cuenta que solo pueden aspirar a eso, a ser entrenadores de infantiles y cadetes pero . .  ..  ¿entonces?, ¿por qué no lo hacemos bien y formamos yudocas y deportistas con grandes valores morales? ¿por qué solo los formamos para su etapa de cadete y no pensamos en que puedan llegar al senior?
Esto solo se consigue cuando dejemos de ser egoístas y mirar por nosotros mismos. Debemos conservar, proteger, educar . . .  Al hombre del futuro, que es un niño hoy. Si nuestros actos son violentos, cuestionables y (si nos viésemos en un vídeo) ridículos, rozando lo deplorable, ¿cuál será el comportamiennto de nuestros discípulos?. Los entrenadores, ante todo, somos docentes. Somos el espejo dónde se reflejan nuestros alumnos y esto hace que TODO SUME.

… Y, como muestra, un botón. Para que no se nos olvide que el yudo es mucho más . . . .

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