El mejor judo


Todos sabemos que nuestro deporte es complejo y muy sacrificado. Complejo en su práctica, en su arbitraje… Sacrificado por las horas de entrenamiento, el peso, los viajes… El agarre, desplazamiento, desequilibrio, proyección…
Todo esto lo sabemos y, aún así, seguimos. Algo hace que a nuestro organismo le guste y volvamos día tras día a ponernos el judogi. Unos con más interés, con un objetivo. Más competitivos, menos… Otros para seguir en forma, por matar el gusanillo de toda una vida dedicada a esto.
Toda excusa para ponerse un “kimono” y meterse en el tatami es buena y loable. Lo importante es seguir respirando este ambiente tan IMPRESIONANTE como es el camino del… JUDOKA.
Judo infantilPero el mejor yudo no está en los grand slam, prix o “Championships”. Todo ello es espectáculo. Y del bueno, vaya que sí. Grandes atletas, la mayoría anónimos fuera de nuestro entorno, impensable no saber quién es Iliadis. Pero así es.
El mejor yudo lo tenemos más cerca de lo pensado. Tan cerca, tan cerca que pasa desapercibido. Aunque solo tienes que girarte y mirar hacia “abajo”. Solo unos privilegiados tienen esa fortuna, de poder ver, sentir, vivir… El mejor yudo. Esos privilegiados son aquellos profesores que se dedican por entero a sus alumnos más pequeños. El futuro está ahí y debemos hacerlo bien para que sientan el yudo como lo sentimos cuando somos adultos. Y el mejor método es que se judo infantil alumnosdiviertan, se rían, disfruten… Es el yudo más complicado pues la clave del éxito está en la imaginación de quien enseña. Cualquiera puede enseñar “O Soto Gari” pero los verdaderos “magos” son quienes consiguen enseñarlo sin explicar la técnica, mediante el juego y la imaginación. De modo que el niño se divierte y aprende. Pero, eso sí, jugar a “yudo”. Todos nuestros juegos deben ir orientados a un objetivo. Y este objetivo debe ser yudo. Incrementar las habilidades motoras y enriquecer el componente cognitivo a través del descubrimiento guiado es la mejor opción. Ahora bien, que un niño se lo pase bien jugando no es coger una pelota y ponerlos a jugar al “fútbol” (con todos nuestros respetos a este deporte). No, no, es yudo lo que queremos que aprendan. Por tanto seamos profesionales y juguemos a “yudo”.
Si lo hacemos así, conseguiremos una gran satisfacción. Enseñamos yudo mediante el juego y nuestros “peques” amarán el yudo como nosotros, crearemos afición y, ¡quién sabe!, puede que descubramos a un Iliadis. Pero cada cosa a su tiempo. Ahora toca enseñar bien y divertirse más. Puede que, si lo hacemos bien, el resultado sea tan gratificante como este:

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