Gallinas que entran, deben salir


Nos consta que a mucha gente esta comparativa no les agrada pero es el ejemplo más sencillo y fácil que cualquiera puede entender:
Si tuviésemos un gallinero con una entrada y una salida, todo iría bien si entran tantas gallinas como salen. Si salen más gallinas de las que entran, llegaría el momento, en el cual, el gallinero se encontraría vacío.
En sentido inverso, si entran más gallinas de las que salen, nos encontraríamos en la situación contraría: el gallinero estaría a reventar, nunca mejor dicho.
Pues bien, si este ejemplo lo transferimos a nosotros, el gallinero lo convertimos en nuestro cuerpo y a las gallinas en calorías, es fácil entender cuándo adelgazas, engordas o te mantienes.
Este artículo nos da algo más de luz al respecto y, pensamos, es interesante. Disfruténlo.

Hace 30 años el hombre consumía menos calorías y quemaba más

Una investigación de la Universidad de York revela que comiendo lo mismo y realizando igual ejercicio, los humanos estaban más delgados hace 30 años. Esto se debe a factores externos como al aumento en el consumo de calorías.
Los medicamentos, los pesticidas y la microbiota (microorganismos que viven en nuestro cuerpo cuya evolución en estas décadas influye directamente en nuestro peso) explican por qué no bajamos de peso del mismo modo en que lo hacían nuestros padres. Lo que debemos hacer, según este estudio, es cuidar la alimentación (equilibrar hidratos, grasas y proteína) y realizar más ejercicio que nuestros progenitores.
El estudio, realizado por nutricionistas de la Escuela de Kinesiología y Ciencias de la Salud de la Universidad de York en Toronto (Ontario), llega a una estimulante conclusión: aquellas personas que comían lo mismo y hacían una cantidad semejante de ejercicio hace 30 años estaban más delgadas que las que se encuentran en la misma situación en nuestros días. No hay nada mágico en esta diferencia: son otros factores externos los que provocan que sociedades como la estadounidense sufran una epidemia de obesidad tan grave.
El experimento se llevó a cabo a partir de los datos de más de 36.000 adultos que fueron tomados entre 1971 y 2008 por la Encuesta de Salud Nacional y Nutrición, así como la información sobre la frecuencia de la actividad física de 14.500 adultos entre 1988 y 2006. Pues bien, aunque en líneas generales el consumo de calorías y carbohidratos ha aumentando en un 14% y el de grasas y proteínas ha disminuido entre un 5 y un 9%, en las mismas circunstancias el índice de masa corporal (IMC) es un 2,3 kg/m² superior en 2008 que en 1988.
Todos estos datos se traducen de la siguiente manera: Si tienes 25 años, debes comer menos y hacer más ejercicio que tus padres para evitar engordar: “Los resultados de nuestro estudio sugieren que si tienes 25 años, debes comer menos y hacer más ejercicio que los mayores para evitar ganar peso”, aseguró la profesora Jennifer Kuk de la Escuela de Kinesiología y Ciencias de la Salud. Un agravio comparativo para los “millenials”, que tienen que sufrir mucho más para alcanzar los mismos resultados. En líneas generales, la gente pesa más de un 10% que hace 30 años, incluso siguiendo costumbres muy parecidas.
Aunque todavía no se sabe muy bien cuál puede ser la causa exacta de esta diferencia,  puesto que no se esclarece de manera absolutamente clara por nuestra alimentación ni por los hábitos deportivos de la población, la autora ha sugerido tres posibilidades relacionadas de forma estrecha con los hábitos de vida modernos y el mundo que nos rodea.
En primer lugar, se encuentra la gran cantidad de productos químicos presentes en nuestra vida diaria en forma de pesticidas y sustancias añadidas a la comida que anteriormente no consumíamos y cuyos efectos reales aún están por ver. Pero tampoco debemos perder de vista que de un tiempo a esta parte ha aumentado el consumo de medicamentos que alteran nuestro metabolismo y nos empujan a ganar peso, como ocurre con muchas prescripciones para tratar la depresión o los corticoides. En último lugar se encuentra la microbiota, es decir, el conjunto de microorganismos que conviven normalmente en nuestro cuerpo.
Para los investigadores, es muy probable que la composición de estos millones de organismos haya cambiado sensiblemente desde hace décadas, lo que influye de manera directa en nuestro peso. Kak señala específicamente tanto al consumo de carne (procedente de animales alimentados con antibióticos y hormonas) y a los endulzantes artificiales para explicar este cambio en nuestros estómagos.
Si alguien tiene curiosidad en leer el estudio realizado, os lo facilitamos. Está en inglés: Secular differences in the association between caloric intake, macronutrient intake, and physical activity with obesity

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