El judo desde otra perspectiva


Sabemos que este deporte da mucho de sí. Tanto en lo deportivo, personal y humano. Hablamos muchas veces de los grandes valores que transmite y lo distinto que es con respecto a otros.

Todo esto es cierto, con matices. Nuestro deporte, al igual que nuestra sociedad y nosotros mismos, evoluciona. Quizá hayamos dejado un poco de lado ciertas “costumbres”. Algunas no deberíamos perderlas, otras opino que no ha sido malo el suavizarlo. Sobre todo por la evolución de la sociedad en la que vivimos.

Entre las que no debemos perder – y siempre desde mi opinión –  son el saludo, el respeto al compañero y adversario (cuando compito contra él) y, en esa misma línea, al profesor o responsable de la clase. Hay que pedir permiso para entrar al tatami y para salir. No es una cuestión de disciplina, más bien de respeto hacia la persona que está llevando el desarrollo de la clase.

Por contra, me alegro que lo “marcial” se utilice menos, llegando, incluso a olvidar tal concepto. El judo debe ser divertido, el profesor accesible, amable y ¿por qué no?, cariñoso con sus alumnos. Somos humanos. Nuestras relaciones se basan en el afecto. Somos luchadores, deportistas, con sentimientos, con familia. No gladiadores.

Y todo esto es lo que intentamos con nuestros alumnos. Ellos nos recompensan ofreciendonos sus perspectivas, su forma de ver el judo.

Los comentarios están cerrados.