Reflexiones


Ya son muchos alumnos los que han conseguido el cinturón negro. Algunos siguen con nosotros, otros están en otros clubes a la vez que cursan sus estudios universitarios. Hay quienes se formaron en el Club y ahora son formadores, ampliando nuestro club un poquito más. Y no hay mayor satisfacción y alegría que verlos conseguir los objetivos marcados.
También ha habido alumnos que no continuaron y se quedaron en el camino de obtener el cinturón negro. De estas personas también nos acordamos. Algunas de ellas cambiaron de ciudad, no tuvieron paciencia o cualquier otra circunstancia les obligó o les motivó a dejarlo. Estas últimas son, para mí, nuestro reto. Quizá no supimos conectar con ellas o no vimos su problema. Aunque otras veces sí lo hemos visto, hemos dado el consejo y no se nos ha escuchado. De esas personas siempre me acuerdo cuando vamos a un examen y veo a nuestros alumnos obtener el mérito a muchos años de logros, color tras color. Pienso “fulanito/a ya podría ser cinturón negro”.
Intentamos avanzar y motivarlos para ello. Es nuestra mayor preocupación. Si, además, consiguen resultados deportivos pues nos alegramos por ellos. Pero no es nuestro principal objetivo. El motor que nos motiva es su formación y verlos crecer como personas.
Por supuesto estoy muy orgulloso del equipo formativo que somos. A la vanguardia está María José Pérez (MariJ), el segundo de a bordo, Richard (Ricardo Gómez). Por último, nuestro mayor acierto, Rocío Casillas (Ro) ha encajado en el club como si llevase toda la vida con nosotros. Y así espero que sea. No puedo sentirme más orgulloso del equipo del cual estoy rodeado.
Sin embargo no vamos solos. no somos los únicos, por suerte, que ven este deporte y al club como solo un medio de obtener resultados deportivos. Este año es mi segundo año como miembro del Tribunal del pase de grados de cinturón negro. No sé cuándo volveré a serlo pues, por fortuna, cada vez somos más profesores y mejor formados, debiendo dar lugar a un cuadrante de rotaciones para que todos los profesores de los clubes puedan experimentar la satisfacción de evaluar en un examen de cinturón negro.
He escrito “la satisfacción”. Sí, porque siempre intento quedarme con lo bueno. El año anterior no tuve una buena experiencia. Hubo un joven que suspendió en mi mesa. No estaba nada preparado y, a un examen de esta envergadura, al menos, se debe venir con algo de preparación. Un aspirante suspende cuando dos de los tres miembros del tribunal así lo consideran. Pues bien, su profesor no conforme con el resultado, vino a reclamar. Junto con dos personas más del club. No vinieron preguntando en qué había fallado. Prácticamente en todo. No había coordinación ni complicidad con su uke en la ejecución de sus técnicas. El kata fue lo decisivo para suspender: el saludo, las distancias, los movimientos. No hubo nada correcto. Y el profesor, en vez de preguntarse qué había hecho él por su alumno y si se había molestado en estar al día en las katas, nos recriminaba por haberlo suspendido. Incluso me recordó que había sido bronce nacional en una competición cadete (de eso hacía ya tres o cuatro años) pero, una medalla solo indica que ha sido mejor que otro en una competición. Y su mérito tiene, pero una medalla no es sinónimo de adquisición de conocimientos sino de cualidades. Además, cuando uno cree que tiene méritos suficientes para no examinarse, puede solicitar el cinturón por recompensa.
Esa fue mi experiencia, un tanto agridulce, en mi primer año como miembro del Tribunal. Este año ha sido totalmente distinto. En mi mesa no suspendió nadie. Quizá eso evitó alguna reclamación pero tampoco lo vi de los que suspendieron en las otras mesas.
Aunque todos fueron aptos hubo algunos que destacaron más que otros. Vamos, que si se evaluara, habrían cincos pero también dieces. Pocos, pero los hubo. Estos llegaron casi al final. Los anteriores estuvieron aceptables, incluso bien. Pero no como para admirarlos. Hasta que entró el primero: Antonio Machado y su uke (quien luego fue Tori y lo hizo excepcionalmente bien). Este joven, del club Judolin me hizo disfrutar. Tanto por su soltura como por su preparación. La ejecución del Kata fue muy correcta, con algún fallo leve que disimulaba muy bien. Para ser justos, todos los alumnos del citado club Judolin, estuvieron a la altura de un examen notable. Uno tras otro nos dejaron con una gran impresión.
También con David Casado Abuelo tuve alguna broma pues, además de hacerlo muy bien, por MariJ sé de su actitud y comportamiento en el equipo andaluz. Y es un valor añadido para esta Federación.
Todos los del judolín.
Tan solo otro chico de Málaga destacó fuera de lo normal, Nail, un chico ruso que nos explicó al detalle la teoría de cada técnica preguntada y luego la ejecutaba.
Pero vayamos a Antonio Machado. A este chico lo llamé a la mesa y lo felicité. Se lo merecía. Su actitud, gestos y desenvoltura en la realización de las técnicas solicitadas hicieron sentirme en la obligación de felicitarlo.
Una vez finalizado el examen, fotos, alegrías, felicitaciones… tocaba marchar, partir para nuestro lugar de origen. Y es ahí, esperando a los demás miembros del Club Forum, cuando volví a ver a Antonio Machado con sus padres. Lo felicité de nuevo por el buen examen realizado y a sus padres por tener un hijo tan excepcional. Se despidieron, se montaron en el coche y, cuando ya se iban, volvieron a aparcar. El padre, Antonio, me preguntó si tenía inconveniente en sacarme una foto con su hijo quien le había preguntado. ¡Por supuesto que no! Es todo un orgullo para mí que un alumno de otro club me pida salir en una foto con él.
Por eso pienso que un profesor de un club, con la titulación exigida para formar parte del Tribunal, debe pasar esta experiencia. Agridulce, sí, pero el ver a jóvenes como estos (en esta ocasión del judolin) y tener la oportunidad de conocerlos, merecen cualquier tropiezo y obstáculo sufrido por la función desempeñada.
Enhorabuena Club Judolin por vuestra labor como formadores. Habéis llevado unos alumnos muy bien preparados.

No quiero acabar mi reflexión sin antes enunciar a los estudiantes de Ciencias de la Actividad física, de la Universidad de Granada, del Club Budo, quienes realizaron un examen muy técnico, obteniendo el cinturón negro, como broche para su último año de carrera. Mis felicitaciones porque lo hicieron para nota y así se lo haré saber a Juan Bonitch por si tiene algún valor añadido en la calificación de su especialidad en yudo. Han estado geniales.
He de matizar que mis impresiones son sobre los alumnos aspirantes, evaluados en nuestro tribunal y, probablemente, en los otros también hubo exámenes dignos de elogio, lamentando no haber visto pero, por desgracia, no puedo opinar sobre ellos. Tan solo puedo escribir sobre mis experiencias, gratificantes y balsámicas.
Gracias Machado, Abuelo. Gracias por darme esta ilusión, la de ser profesor de judo y mi motivación para intentar ser mejor.
Gracias al Club Forum, por todas esas personas que me activan todos los días para formarlos.

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