Revolución educativa de Coubertin


 Una visión diferente de ver las Olimpiadas y el origen de las mismas. Es una opinión de Luís Solar quien, de un modo crítico y abierto, nos muestra una perspectiva de cómo una buena idea puede ir denigrando en algo totalmente distinto a la intención del origen. Quizá esta “evolución” sea el resultante de la tendencia, denominada, desafortunadamente, como “globalización”. Sin embargo, el autor, prefiere ser partidario del positivismo y, dentro de sus aspectos negativos, pone el foco en su contribución (el olimpismo) en el desarrollo deportivo.
Os dejamos con el artículo de Solar:
Para Coubertin, la necesidad de “aprender a competir” debía ser popularizada por una gran fiesta cuatrienal, de carácter universal: los Juegos Olímpicos. Ciento veinte años después, podemos extraer algunas conclusiones al respecto, no todas positivas como pueda pregonar algún entusiasta, ni todas negativas como escuchamos frecuentemente.
Consideramos negativa la imagen clasista y opaca que trasmite el COI y su peculiar democracia. Nos parece anacrónica, cara y poco “olímpica” la forma de la designación de ciudades “sede”.
Que los Juegos del siglo XXI se hayan otorgado a Sídney, Atenas, Pekín, Londres, Río de Janeiro y Tokio parece eliminar a concentraciones urbanas menores de cinco millones de habitantes. Eso es negativo. Además, si la designación de tales ciudades tiene relación directa con las posibilidades presupuestarias de las mismas y con su capacidad de recepción de visitantes, aún el tema nos parece más negativo: La reducción del “universo olímpico” parece drástica.
La universalización de los Juegos es un hecho, posibilitado por la televisión e internet, vías bien estudiadas por el COI, que sin embargo parece haber restringido sus designaciones a ciudades con posibilidades para albergar al espectador directo, aspecto poco coubertiniano y que en Río ha resultado el mayor de los errores.
Además, al COI se le debe exigir toda la pulcritud ética que necesita una propuesta pedagógica, pulcritud que no siempre tuvo, posibilitando o reaccionando con tardanza ante situaciones de corrupción, como sobornos, prevaricaciones o dopaje.
Pero existen razones para seguir creyendo en el proyecto. Hoy el deporte escolar está instaurado en buena parte del mundo evolucionado, e independizar su implantación del devenir olímpico es desconocer la historia de ambas cuestiones. Por ejemplo, el lema olímpico “citius, altius, fortius” lo fue, el de los primeros juegos escolares de París, organizados por el dominico Padre  Didón, amigo y colaborador de Coubertin.
El actual COI mantiene como uno de sus programas estrella el denominado “Solidaridad Olímpica”, cuya principal misión sigue siendo la promoción del deporte en los ámbitos geográficos, sociales o políticos más desfavorecidos, es decir, allá donde el deporte no está generalizado entre la población en edad de escolarización.
El deporte para todos y todas (“sociedad activa” lo denomina el COI), la promoción deportiva de la mujer, el deporte y la sostenibilidad, o el legado social y deportivo de las celebraciones olímpicas son hoy mucho más que en otras épocas, preocupaciones del comité y destino de  buena parte de sus  recursos.
Creemos que los JJOO muestran la cara más positiva de las posibilidades de relación y entendimiento internacionales, en un mundo que contrapone a la bandera olímpica, guerras de carácter económico, religioso o racista. Entendemos el olimpismo como un movimiento filosófico, en pos de la paz y de la comprensión, un planteamiento pedagógico en busca de una juventud formada para competir, en el deporte y en la vida, con sujeción a  las normas y las leyes que democráticamente nos proporcionamos, y como una plataforma diplomática internacional cuyos efectos y bondades han sido evidentes en los últimos treinta años.
El olimpismo debe reconsiderar algunos de los caminos que ha tomado, sobre todo los derivados de un gigantismo que creemos buscado, o en aspectos relacionados con la designación de sedes, la democratización interna o el reparto presupuestario. Pero, asimismo, estamos  convencidos de que, si no existiese, un nuevo Coubertin debería reinventarlo. El olimpismo es absolutamente necesario para el mundo en que vivimos.

Luis Solar, presidente de la Federación de Asociaciones de Gestores del Deporte de España (FAGDE)

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